Por Tatiana Maillard

En las entrañas de la tierra se deslizan enormes lombrices de acero, preñadas de chilangos que son paridos por montones en cada estación del metro. Si te alejas del camino trazado por la horda que escapa de los vagones cual ganado que huye del matadero, deja que las suelas de los tenis te lleven a las puertas de un infierno amable, donde los cielos son color pastel y las crestas de las olas tiene una forma redondita, como bolas de algodón. En sus senderos camina Buba, la niña de cabello nocturno y guantes estilo Mickey Mouse. Va ataviada de una inocencia inconcebible para una chamaca que en las historietas de José Quintero se suicida los días domingo y a la que estar triste todo el tiempo le da infinita alegría. La que padece de crisis de identidad los martes por la tarde y entierra las almas de los fetos abortados, no sin antes pisotearlas, enojada por el privilegio (o la injusticia, que a fin de cuentas es lo mismo) de que éstos hubieran muerto sin haber sufrido tantito en este "puto mundo".
Ahí está, en medio de trece escenarios que cuelgan de las paredes de la galería del Foro Shakespeare (Zamora No. 7, a unos pasos del metro Chapultepec), en los que la dulzura se escurre dentro de los cálidos colores de la acuarela y las formas redondeadas de las ilustraciones infantiles.
Cada estampa cuenta con un detalle que rompe con el resto del paisaje: en todas ellas, Buba está a punto de morir sin que se dé cuenta. Arrollada por un tren que cruza transversalmente o atravesada en canal por el hacha que blande el cadáver de un niño emergido del mar. Persiguiendo un querubín que la guía hacia un abismo donde el fuego lame los restos empalados en las rocas puntiagudas o disuelta por la lágrima sangrienta y ácida del ojo de un Dios que se sabe inventado por los hombres. El título de esta miniexposición: Las 13 muertes de Buba.
Trece formas de morir a una edad muy tierna. Y es que no es obligación de la muerte respetar la inocencia. Ya lo advierten los cartones de Quintero: "La muerte se divierte comiéndose las cosas, se oculta entre magueyes, se oculta entre las rosas". Después de seguir el trazo de la acuarela, a lo mejor los niños quedan con ganas de revisar bajo la cama para cerciorarse de que no esconde un precipicio nihilista que se los coma una de estas noches. Qué lobo feroz ni qué ocho cuartos.
"¿Quién es esa niña?"
Es la pregunta que pueden contestar las casi diez mil almas que han descargado de la dirección http://www.planetabuba.net/secciones/downloads/ebooks/ebooks.html el libro Las 13 muertes de Buba. También se puede consultar a la aglomeración de seres que han hecho de Buba la sensei que los guía en el dulce viaje hacia la cruel realidad de la condición humana.
Es como si Quintero hubiera cercenado los cadáveres de Arthur Schoppenhauer y Friedrich Nietzsche y después hubiera agregado su propio corazón, todavía chorreante de sangre, para enfundar todo en la piel de Hello Kitty. Una explicación más sencilla es que Buba es una niña que nació el 1 de mayo de 1981, pero cuyo angustiante, místico y filosófico andar en las historietas arrancó en 1989 dentro de las Histerietas del diario La Jornada. De ahí siguió su camino en Gallito Cómix, La Mosca, El Chamuco y Mad.
Familiarizada con la muerte en todas sus presentaciones, Buba testifica el deceso de las abstractas concepciones del amor, de Dios y hasta se podría decir que de esa cosa que uno se la vive persiguiendo y que reconoce como felicidad. Sus reflexiones poseen el filo para atravesar los cráneos endurecidos de los orgullosos representantes de la generación X y de paso darles un viajecito tóxico en el que la chiquilla de botas industriales filosofa sobre la existencia, para finalmente negarla con el sencillo ejemplo de aplastar una hormiga mientras recita sus netas en versos: "Permite que te explique mi zapato algo que Schopenhauer ya sabía", dice Buba alzando su pie encima del punto negro que es la hormiga, "Y excusa que refute tu existencia" -¡Pum! Ahí es donde viene el zapatazo-, inútil e irreal como la mía".
Pero ante todo, es el alter ego de Ceci Martínez quien tiene el mérito de haber sido la creadora de Buba cuando tenía siete años y veía a su hermano dibujar las historietas para La Jornada. La niña hacía lo propio, eso sí, con historias cargadas de la candidez que la Buba que conocemos no posee. Y después de que por las Histerietas desfilaron uno y otro personaje de Quintero que se desvanecía después de dos o tres cartones, Buba llegó para hacer de la historieta un mundo de ansiedad existencial.
Ahora, junto con Miguel Galindo, Edgar Clément y Nieves Dánae, Ceci forma parte de Buba Estudio, dedicado a la ilustración y el desarrollo de proyectos editoriales.
En 2000 Buba llegó a las librerías con toda su corte de sueños razonados en el catálogo Buba Volumen 1.1, coeditado por El Taller del Perro y Ediciones Vid, cuya reedición tomó lugar en 2004.

De libros infantiles y otros
demonios

Agua, pigmento y versos crean 13 ambientes, y como se puede esperar de cualquier número maldito, el resultado no es afortunado. La muerte se aparece en lugares inimaginables. En una de esas, a Buba se le presentó cuando leía su libro sentada en el retrete. Uno no está a salvo de los tentáculos de pulpos asesinos ni cuando asiste al baño, -¿Cómo garantizar que no se aparece en el momento que Quintero está hablando?
"Empecé con tres ilustraciones tituladas "Deja que jueguen tus niños" para la edición del Catálogo de Ilustración Infantil y Juvenil de 1999, al que convocaba el Conaculta. Pero como sucede cada vez que uno no se somete a los cánones y los criterios editoriales, lo desecharon".
La propuesta era quitarle a la muerte la concesión de ser la única que se divierte tragándose lo que le sale a su paso, para que ahora fueran los niños los que la "digirieran e incluso degustaran". Pero los que se dieron una indigestión fueron los editores. Y como hasta el momento ninguno quiere publicar la obra, Quintero la ofrece en su página. "Por un lado entiendo el criterio por el que no lo aceptaron, pero también entiendo que un editor se tiene que aventurar. Aunque sea una norma que el niño no deba ver sangre, el hecho es que lo hace. Y lo único que propician es que los niños sigan el mexicano juego de la simulación: Simulas para el niño un mundo que no existe, el niño simula que lo cree, aunque se da cuenta de que es absurdo. Estamos tan acostumbrados a esto que hasta hablamos de democracia cuando no existe".
La que no ha hablado en casi un año, es la mismísima Buba. ¿Quintero se ha cansado de su niña?
"Sí. Y lo atribuiría a muchas cosas. Que mezclo cosas muy personales y a la vez aprender a pensar como profesional que inserta su producto en el mercado. La hago porque me gusta y porque no me gusta, porque me enfrenta a cosas que me duelen tanto que sólo me queda dibujar. Es una relación extraña, porque llego a las revistas con cartones muy íntimos, muy sencillos en la técnica pero que me desgastan anímicamente".
Así que Buba calla, pero no muere. Ya lo hizo trece veces, y más vale no esperar a la decimocuarta sin asistir al Foro Shakespeare antes del 28 de agosto.