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| a) Hardware: Obviando el hecho de que contamos ya con el artefacto principal: la computadora, su apéndice obligado deberá ser la tableta digital. |
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Breviario cultural
Desde los dos o tres años de edad hemos sido adiestrados para dibujar con un instrumento de forma lapizoide (recuerda que escribir también es, en principio, dibujar signos gráficos), de manera que tenemos toda nuestra vida ejercitando esta facultad.
Dibujar con el mouse es, bajo esta perspectiva, desaprovechar toda la experiencia que hemos acumulado a través de años enteros de práctica dibujística.
La interface más ergonómica y lógica para quien pretende dibujar digitalmente es -valga la redundancia- la tableta digital, que es una emulación del uso del lápiz y papel con las características del dibujo análogo (precisión, distintos niveles de presión, dureza, goma en el extremo opuesto a la punta del lápiz etc.). |
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Tableta Digital Wacom
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| El modelo que yo utilizo es el Graphire 2 (4x5 pulgadas), que pertenece a la gama económica -ojo, económica con respecto a la línea pro- pero que es lo suficientemente precisa y confortable para ejecutar trabajos a nivel profesional. |
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b) Software: Sin lugar a dudas, el programa más depurado y extendido para la creación y manipulación gráfica es el Photoshop, que se ha convertido ya en un estándar para la industria editorial y el internet.
Recomiendo ampliamente el uso de la última versión de Photoshop (la 8), incluida dentro del paquete Creative Suite o CS, que consta de los programas Illusttrator 11 (para diseño e ilustración vectorial) GoLive 7 (para creación de sitios web) e InDesign 3 (para maquetación y diseño editorial). |
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Otros programas relevantes son:
Painter: emulador de técnicas pictóricas y materiales análogos para ilustración -acuarela, óleo, gouaché, pastel etc.- con gran integración con Photoshop. Las versiones 8 & 9 son las más depuradas y estables.
Silhouette o Streamline: para la conversión de documentos gráficos en pixeles a documentos vectoriales. |
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2. Calentando motores
Si bien no existen fórmulas perfectas o recetas infalibles para resolver una ilustración, podemos establecer procesos de trabajo útiles y ensayar variantes que vayan ampliando -poco a poco- nuestro arsenal y nuestras tablas como dibujantes. Conviene, pues, plantear estrategias de trabajo.
Ya que dibujar es -en esencia- representar objetos y seres reales o imaginarios, a veces es muy recomendable representar esas imágenes en nuestra propia mente antes que en cualquier otra superficie.
Cuando imaginas un dibujo estás proyectando, predibujando en tu mente. Es como si contemplaras idealmente la imagen final antes de empezar siquiera a bocetar.
Si eres capaz de imaginar un dibujo tienes un buen trecho del camino andado, ya que todos tu esfuerzos van encaminados a la materialización de lo imaginado. Conoces ya, por ejemplo, la paleta de colores, la forma, la composición y -lo que es más importante- el feeling de aquello que vas a dibujar -esto es, la forma en que vas a materializarlo, a incorporarlo a "nuestro mundo real". |
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El mono dice:
Paradójicamente, por muy preciso que sea ese boceto mental y por muy eficiente que sea un proceso de trabajo determinado, conviene siempre dar margen a la improvisación. Hay que dejar espacio en todo momento a la espontaneidad y al feeling sin importar la etapa del proceso creativo por la que se atraviese, desde el boceto a lápiz hasta el momento de unir los layers del documento final, pasando por el escaneo. |
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Cuando se trabaja de forma totalmente sistemática el dibujo empieza a perder calidez y a volverse rígido y acartonado.
Es difícil establecer en que punto del camino empieza a ocurrir esta burocratización de la creación, aunque por lo general se presenta toda vez que se ha establecido una fórmula exitosa de producción y se ha desarrollado un estilo, esto es, una manera personal de representar las cosas; de modo que resulta -en apariencia- contraproducente dar la espalda a ese sistema exitoso de creación para arriesgarse a buscar una nueva fórmula.
Por mi experiencia personal puedo asegurar que no hay nada más nocivo a largo plazo que ceder ante el éxito momentáneo del estilo y la forma. Conozco de primera mano cuatro o cinco casos de dibujantes o ilustradores que, por conservar a ultranza el éxito estilístico, han dejado de desarrollarse y han dejado de buscar nuevos retos para sentarse a explotar su propia fórmula una y otra vez y con esta actitud conservadora han cavado su tumba creativa. |
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Regla de oro #1:
jamás le des la espalda a la hoja en blanco. Nunca desdeñes al vértigo y la incertidumbre. Cuando encuentres la fórmula del éxito hazla chicharrón y lánzate a la búsqueda de una nueva ecuación. |
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